La Corte de Justicia de Guayaquil actualmente.

Buenos Arias, Argentina.- Todo el Ecuador sabe lo horroroso, ineficiente, corrupto y arcaico, que es nuestro sistema judicial, ya sea por haber visto en los medios alguna injusticia en contra de alguien, o por haberlo sufrido en carne propia. Pero lo que en este blog quiero resaltar, es lo que está pasando últimamente, en el día a día de la Corte provincial de Justicia de Guayaquil, en silencio, sin que ningún medio se haga eco.

Ya no hay regla fija ni panorama claro, ni siquiera a corto plazo. Los jueces son cambiados por el Consejo de la Judicatura, a cada rato, sin ton ni son; a diario, hay un nuevo juez puesto en un juzgado, y son personajes tan desconocidos como ignorantes. Nadie sabe qué trayectoria tienen, y la mayoría no tiene experiencia alguna judicial.

Además, un segundo problema superviviente al ya señalado, es que aún para estos nombramientos del dedo índice del Consejo de la Judicatura, este ente se toma varios días, imagino para ponerse de acuerdo sobre a qué ad later poner y para darle rigurosamente sus “correlativas disposiciones mandatorias”, dejando el juzgado sin jefe, sin despachar absolutamente nada por varios días, o hasta semanas.

Ya en el plano práctico, lo clásico a lo que nos enfrentamos los abogados diariamente, y que nuestros clientes deben por amor a Dios, entender y soportar, es que al llegar un juez nuevo, nos toca explicarle todo el juicio, y al poco tiempo, digo máximo semanas, llega otro nuevo y nos toca repetir la explicación en una suerte de círculo vicioso desgastante y desesperante, resultado de lo cual el juicio no avanzará, y si estaba para dictarse alguna resolución importante a la llegada del primer juez nuevo, muy seguramente, ninguno de los 2 resolverá, por saberse temporales.

Como se trata de seres sin trayectoria y sin mayor conocimiento, pues están ahí para cumplir órdenes puntuales de interés “superior”,  sumado al hecho de que no tienen mística y vocación de jueces para asumir una decisión dentro de un proceso y mantenerla, prefieren calentar el puesto sin despachar lo que realmente nos importa a los demás usuarios mortales, vegetando, sin resolver nada trascendental, sin cumplir ninguna sentencia superior ejecutoriada, realizando movimientos de juicios casi imperceptibles, esperando lo que todos aspiran infantilmente: mantenerse algún tiempo en el cargo, resolviendo asuntos menores y así tratar de hacer méritos para ganarse eventuales indulgencias del Consejo de la Judicatura, y lograr entrar en la próxima reorganización; de la que desde ya han sido cómplices, pues ocupan el puesto de algunos jueces de años de trayectoria, no siempre buenos tampoco, que han sido removidos conveniente y oportunamente por el Consejo de la Judicatura, para ubicar a estos muñequitos de papel, temporalmente, y así luego tener el camino libre a la reorganización, la que ya sabemos en la dirección que va, luego del ejemplo visto con la elección de la Corte Nacional de Justicia, donde se manipularon los resultados con total antojo, siguiendo los lineamientos e ideología, del sumo boy scout, pues ese parece ser el único “interés superior”.-

 

La óptica del cliente vs la estrategia legal.

Muchas veces, se puede acordar con la contraparte, y discutir con el cliente propio. Este viejo adagio, revela lo complicado que puede ser, a veces, la relación cliente-abogado. Estas “divergencias de criterio”, normalmente ocurren, porque los clientes toman posiciones pasionales, con ópticas sociales y personales, sobre temas legales; que deben ser de rigurosa observación fría y bien calculada. Hay que tener mucho cuidado, porque este “incidente”, en caso de que se repita, puede degenerar en una crisis de confianza, entre el cliente y su abogado, lo cual perjudica a ambos por igual.

La opinión del cliente y su participación activa en el desarrollo del caso, es fundamental para el éxito del mismo, y también lo es, que el abogado sea informado de la verdad absoluta que el tema tuvo, antes de generarse la controversia, por la cual fuimos llamados a actuar. Esta opinión del cliente y su seguimiento, vertidos y efectuados en acuerdo previo con el abogado, son la clave del éxito del caso legal, en cualquier estamento.

Un cliente “positivamente pro-activo y bien sintonizado en las mismas ideas con su abogado”, se convierte en un aliado fundamental para el éxito del caso, una dupla poderosa.

Para que esto ocurra, nosotros somos partidarios de una muy fluida comunicación con el cliente, antes de asumir el caso, y sobretodo, durante el avance del mismo. La relación legal con un cliente, no es muy diferente de las relaciones humanas normales, como por ejemplo el matrimonio, donde es fundamental poner las reglas mutuas, claras desde el principio, y llevarse bien durante el transcurso de la vida, o del caso.

En países con terrible inseguridad jurídica, como Ecuador sobretodo, esta fluida comunicación cliente-abogado, es fundamental, a efectos de que todos sepamos las viscisitudes que se sufren en la administración pública, asumamos los reveses conjuntamente, minimicemos los riesgos, y creemos alternativas mutuas, amén de disfrutar el triunfo, también en equipo.

Como mi mentor me enseñó, lo abogados debemos ser un buen negocio y no un mal necesario.